Nuestros abuelos llegaron a estas tierras
como inmigrantes allá por el 1908.
Aquí se afincaron, formaron una
familia, tuvieron hijos. Pasaron momentos
difíciles y también muy
felices.
A lo largo de los años lograron
transmitirnos su afecto por el limón
y todo lo que él nos brinda. No
nos dejaron fortuna en dinero sino que
nos enseñaron con palabras y ejemplo
de vida a trabajar por lo que uno sueña,
a no bajar los brazos
ni darse por vencido.
Estamos seguros de que ésta es
la herencia que vale, porque cuando nuestro
país fue sacudido por la crisis
del año 2001 llegó el momento
de demostrar que aquello que habían
intentado infundirnos
no había sido en vano.
Primero nos unimos a una Cámara
de micro-emprendedores, hicimos algunos
cursos y comenzamos a concurrir a diferentes
ferias, en toda la Provincia de Buenos
Aires.
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